- No importa cuánto comamos, lo importante es no mezclar
hidratos y proteínas, suele afirmarse en las «dietas disociadas». Sin
embargo carece de fundamento científico ya que nuestro cuerpo se
encuentra dotado de enzimas capaces de digerir los alimentos juntos o
separados. Algunas personas pierden peso con estas dietas porque la
alimentación se torna monótona y comen menos.
- Para perder peso lo mejor es evitar los hidratos (pan,
cereales, azúcar, legumbres y pastas). Los hidratos de carbono son
nuestra principal fuente energética (deben aportar el 55 por ciento del
total de las calorías) y por otro lado aportan sólo 4 kcal/g, a
diferencia de las grasas (9 kcal/g). Una dieta restrictiva en hidratos
será rica en proteínas y grasas, lo que favorece el colesterol y ácido
úrico.
- Los productos «light» son bajos en calorías. Un
producto «light» es aquel al que se le ha reducido o eliminado alguno
de sus componentes. No significa necesariamente que tenga pocas
calorías.
- Beber zumo de naranjas, pomelo o limón por las mañanas
quema las grasas. Ningún alimento tiene esa función. Es muy saludable
acompañar el desayuno con frutas por su aporte vitamínico.
- Saltarse comidas ayuda a adelgazar. En realidad puede
desencadenar una mayor ingestión de alimentos en la siguiente. Y el
cuerpo compensa la pérdida de energía ralentizando el metabolismo.
- Las dietas ricas en proteínas ayudan a adelgazar. Son
fundamentales en una dieta equilibrada pero no adelgazan y deben ser
consumidas con moderación (15 a 20 por ciento del total de la dieta),
ya que su exceso no tiene ventajas y suelen ir acompañadas de
abundantes grasas de origen animal.
- El aceite de oliva no engorda. Todos los aceites
vegetales tienen las mismas calorías, 9 Kcal./g. Debemos consumirlos
con moderación. El aceite de oliva tiene más efectos beneficiosos para
la salud.
Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada (www.senba.es)





